- Detalles
- Visitas: 1087
Manejo de crisis en adicciones: Guía para Familiares y Cuidadores
Una historia real con un nombre ficticio
Marina ha estado cuidando a su hermano Daniel desde que comenzó a luchar contra la adicción al alcohol, un proceso que ha transformado radicalmente su vida. Antes, solían compartir momentos felices en familia, pero ahora su día a día está marcado por la incertidumbre, el agotamiento y la constante preocupación por el bienestar de Daniel. Ha tenido que dejar de lado sus propios sueños y aspiraciones para estar presente en cada recaída, sintiendo una mezcla de frustración y tristeza al ver cómo la adicción consume a su hermano. Su círculo social se ha reducido, y muchas veces se siente aislada, sin saber a quién acudir para compartir su carga emocional. Sin embargo, en medio de este torbellino, también ha descubierto una fortaleza que no sabía que tenía, aprendiendo a lidiar con el dolor y buscando herramientas para ayudar no solo a Daniel, sino también a sí misma. A lo largo de los años, ha experimentado momentos de desesperanza, cansancio y miedo, especialmente cuando Daniel tiene una crisis.
Recuerda una noche en particular. Daniel llevaba varias semanas sobrio, pero aquella vez llegó a casa en estado de ebriedad. Su mirada perdida y su voz quebrada hicieron que Marina sintiera una mezcla de frustración y tristeza. "¿Por qué otra vez?", pensó mientras intentaba contener las lágrimas. Sabía que debía mantenerse firme, pero también que él necesitaba ayuda.
—Daniel, vamos a hablar cuando estés más tranquilo —dijo con voz pausada, tratando de controlar su angustia.
Él apenas respondió y se encerró en su habitación. Marina pasó la noche en vela, preguntándose si alguna vez su hermano podría salir de ese círculo vicioso. Como muchas personas que conviven con un familiar en adicción, sintió culpa y agotamiento. Pero en los días siguientes entendió que no podía hacerlo sola: necesitaba apoyo y herramientas para manejar la situación sin descuidar su propio bienestar.
Desde nnuestra experiencia como CISMENTAL, en Honduras, acompañamos a muchas personas que son cuidadores de familiares con adicciones. Es común que se sientan impotentes y agotados emocionalmente. Pero hay estrategias que pueden ayudar tanto a la persona con adicción como a quienes conviven con ella.
Las adicciones son trastornos crónicos que afectan el comportamiento, la salud mental y el bienestar general de una persona. En Honduras, el Observatorio Hondureño de Drogas ha reportado que el consumo de sustancias psicoactivas ha aumentado en un 20% en los últimos cinco años, con un impacto significativo en jóvenes y adultos en situación de vulnerabilidad. Esto se refleja en un incremento en la demanda de servicios de rehabilitación y apoyo emocional para familiares de personas con adicciones. Las crisis pueden surgir en cualquier momento, ya sea por el síndrome de abstinencia, situaciones de alto estrés o recaídas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 35 millones de personas en el mundo padecen trastornos por consumo de sustancias, y solo 1 de cada 7 recibe tratamiento especializado. En Honduras, la problemática de adicciones ha ido en aumento, con un incremento en el consumo de alcohol y drogas ilícitas, especialmente en jóvenes. Según el Observatorio Hondureño de Drogas, el uso de sustancias psicoactivas ha crecido en un 20% en los últimos cinco años.
Manejar una crisis en una persona con adicción puede ser un desafío emocional y físico. Estas crisis no solo afectan a quienes consumen sustancias, sino también a sus seres queridos, quienes muchas veces no saben cómo reaccionar en el momento. Comprender los signos de alerta y actuar con estrategias adecuadas puede marcar una gran diferencia en la recuperación y estabilidad de la persona.
1. Reconocer una crisis de adicción
Una crisis puede manifestarse de diferentes maneras, incluyendo:
- Síndrome de abstinencia: ansiedad, temblores, síntomas físicos y emocionales intensos.
- Recaída: consumo de la sustancia tras un periodo de abstinencia.
- Conductas de riesgo: agresividad, autolesiones, aislamiento extremo o pensamientos suicidas.
- Negación y resistencia al tratamiento: rechazo de ayuda o abandono de la rehabilitación.
2. Estrategias para manejar una crisis
a) Mantener la calma:
Es esencial conservar la serenidad para poder actuar de manera efectiva. Si la persona está alterada, hablarle con tranquilidad y empatía puede ayudar a desescalar la situación.
b) Crear un ambiente seguro
Si la persona está en peligro de hacerse daño a sí misma o a otros, asegúrate de que el entorno esté libre de objetos peligrosos. En casos graves, busca ayuda profesional inmediata.
c) Evitar la confrontación
No intentes razonar con la persona si está en estado de crisis aguda. La confrontación directa puede aumentar su resistencia y ansiedad. Es mejor validar sus emociones y ofrecer apoyo sin presionar.
d) Aplicar técnicas de regulación emocional
Estrategias como la respiración profunda, ejercicios de relajación y técnicas de mindfulness pueden ayudar a reducir la tensión y estabilizar las emociones.
e) Buscar ayuda profesional
Si la crisis se intensifica o persiste, es crucial contactar con un profesional de la salud mental, un centro de rehabilitación o una línea de ayuda especializada en adicciones. En Honduras, puedes comunicarte con el Instituto Hondureño para la Prevención del Alcoholismo, Drogadicción y Farmacodependencia (IHADFA) al teléfono +504 2237-6010 o con el Centro de Salud Mental Santa Rosita al +504 2232-7371 para recibir orientación y apoyo especializado.
3. Cómo ayudar a una persona con adicción en el día a día
a) Fomentar una comunicación empática
Evita juzgar y en su lugar, ofrece apoyo genuino. Usa frases como "Estoy aquí para ti" o "Entiendo que esto es difícil".
b) Informarse sobre la adicción
Comprender que la adicción es una enfermedad y no una debilidad moral puede ayudar a generar una actitud más comprensiva y efectiva.
c) Establecer límites saludables
Apoyar no significa permitir conductas destructivas. Es importante establecer límites claros sobre lo que está y no está dispuesto a tolerar.
d) Incentivar la búsqueda de ayuda profesional
Motiva a la persona a asistir a terapia, grupos de apoyo (como Alcohólicos Anónimos o Narcóticos Anónimos) o programas de rehabilitación.
e) Promover hábitos saludables
El ejercicio, la alimentación balanceada y actividades recreativas pueden ayudar a la persona a canalizar su energía en alternativas positivas.
Conclusión
Manejar las crisis en adicciones requiere paciencia, información y apoyo profesional. Sin embargo, también es fundamental que quienes brindan apoyo a una persona con adicción prioricen su propio bienestar. El autocuidado es esencial para evitar el agotamiento emocional y físico. Establecer límites saludables, buscar espacios de descanso y contar con una red de apoyo pueden marcar la diferencia en la capacidad de seguir acompañando de manera efectiva. Cuidar de uno mismo no es un acto egoísta, sino una necesidad para poder brindar ayuda sostenida y efectiva. Ofrecer un ambiente seguro, fomentar la comunicación empática y motivar a la persona a buscar ayuda son pasos fundamentales en el proceso de recuperación. Acompañar a alguien en este camino puede ser desafiante, pero con el enfoque adecuado, es posible generar un impacto positivo y significativo en su vida.
Si estás buscando apoyo o deseas aprender más sobre el tema, síguenos en nuestras redes sociales y consulta nuestras próximas publicaciones sobre estrategias de afrontamiento y autocuidado para cuidadores de personas con adicciones.
Este artículo ha sido desarrollado por CISMENTAL, una organización comprometida con la salud mental y el bienestar de las familias hondureñas.
- Detalles
- Visitas: 787

Hace quince años, en un mundo donde la fisioterapia aún estaba encasillada en la rehabilitación física, un psiquiatra visionario me propuso un desafío: integrar la terapia funcional en la atención de pacientes hospitalizados en el Hospital Psiquiátrico Mario Mendoza. Con juventud, ímpetu y una pasión inquebrantable por la fisioterapia, acepté el reto sin imaginar cuántas barreras tendría que derribar.
Desde el inicio, enfrentamos críticas y escepticismo. Colegas dentro y fuera del ámbito de la salud mental cuestionaban nuestra labor, tachándola de "locura". La fisioterapia en salud mental era un territorio inexplorado, desconocido incluso entre los propios fisioterapeutas. ¿Cómo podía el movimiento y la funcionalidad impactar la mente? La resistencia no solo provenía de los profesionales, sino también de un sistema de salud anclado en modelos tradicionales.
A pesar de los obstáculos, encontramos aliados. Profesionales con visión, estudiantes entusiastas y, sobre todo, pacientes cuya evolución confirmaba la validez de nuestra propuesta. Poco a poco, construimos una metodología que combinaba la terapia funcional con la atención psiquiátrica, demostrando que la fisioterapia no es solo movimiento, sino una herramienta clave en la rehabilitación de la discapacidad psicosocial.
¿Qué es la fisioterapia en salud mental? La fisioterapia en salud mental es un enfoque terapéutico que integra el movimiento, la respiración, la conciencia corporal y el ejercicio funcional para mejorar el bienestar emocional y mental de los pacientes. No se trata únicamente de restaurar la movilidad, sino de proporcionar herramientas para la regulación emocional, el control del estrés y la integración social.
¿Y la terapia ocupacional? En este proceso, redefinimos también el concepto de terapia ocupacional, alejándonos de la idea de simples actividades manuales para enfocarnos en la funcionalidad del paciente en su vida diaria. La terapia ocupacional en salud mental busca que las personas retomen su independencia, fortalezcan sus habilidades sociales y redescubran su rol en la comunidad.
Hoy, dos hospitales de nuestro país, incluido el Hospital Psiquiátrico Mario Mendoza, cuentan con la presencia de profesionales y estudiantes de Terapia Funcional, aplicando técnicas de fisioterapia y redefiniendo el verdadero significado de la terapia ocupacional. Lo que en su momento fue considerado un experimento, hoy es una realidad consolidada.
Esta experiencia me dejó dos grandes aprendizajes: primero, la fisioterapia va más allá del movimiento. Es una pieza fundamental en la rehabilitación psicosocial, brindando autonomía y calidad de vida a quienes enfrentan trastornos mentales. Segundo, romper esquemas no es para los conformistas. A veces, los "inadaptados", los "locos", somos los que abrimos caminos hacia una salud mental más integral. Y sí, el miedo puede paralizarnos, pero también puede impulsarnos a desafiar lo establecido y construir un futuro diferente.
CISMENTAL es, en parte, el resultado de esta misión: transformar la salud mental con un enfoque innovador y alejado de lo convencional. Creemos en una atención donde la persona sea el protagonista de su historia y recuperación, en conjunto con su familia y redes de apoyo. Porque la salud mental no es solo la ausencia de enfermedad, sino un proceso de crecimiento, autonomía y transformación.
Accede al artículo completo de año 2016

- Detalles
- Visitas: 533

A sus 60 años, Ana se sentó frente a mí con las manos entrelazadas, su mirada reflejaba una mezcla de temor, vergüenza y esperanza. "Ojalá alguien me hubiera hablado de esto cuando era niña", dijo con asombro y una sonrisa nerviosa. Durante su infancia, las emociones no tenían cabida en su hogar. Hablar de tristeza era un signo de debilidad, expresar enojo estaba prohibido y el miedo debía ser tragado en silencio. Pasaron los años y con ellos, las emociones reprimidas se convirtieron en sombras que la acompañaban en cada etapa de su vida. Frustración, culpa, inseguridad… se manifestaban en su matrimonio, en su trabajo, en su forma de verse a sí misma. "Me acostumbré a ponerme en último lugar para que otros estuvieran bien", me dijo con una mirada perdida hacia el suelo.
Como Ana, muchas personas han crecido en entornos donde la salud mental nunca fue tema de conversación. En generaciones pasadas, la prioridad era la supervivencia y el cumplimiento de normas rígidas que no dejaban espacio para el mundo interno de cada persona. "No llores", "Aguántese", "No es para tanto", "Los hombres no sienten", "Las niñas deben ser fuertes", fueron frases comunes que construyeron una cultura de silencio y tortura emocional.
Sin embargo, ese silencio tuvo un precio. La ansiedad, la depresión, el miedo a expresarse y el sentimiento de inferioridad se instalaron en la adultez, afectando relaciones de pareja, amistades, decisiones laborales y la percepción personal. Muchas de estas personas pasaron años sintiéndose perdidas, llevando consigo culpas y heridas invisibles, hasta que, en algún punto, encontraron la oportunidad de sanar a través de la terapia psicológica.
La terapia ha sido para muchos una revelación tardía, pero nunca demasiado tarde. Iniciar un proceso terapéutico a los 43, 57, 60 u 84 años es redescubrirse, reescribir la historia desde una nueva perspectiva. Es entender que la infancia no definió el destino y que aún es posible aprender a vivir de otra manera. Es abrirse a la libertad de sentir, de decidir y de priorizarse.
El poder de la salud mental radica en eso: en dar segundas oportunidades, en permitir que las personas se conozcan realmente, se reconozcan sin miedo y encuentren la paz que por décadas han buscado. El conocimiento sobre emociones no debería ser un privilegio de la adultez, sino una herramienta desde la niñez. Si normalizamos hablar de salud mental desde pequeños, evitaremos generaciones enteras cargando con lo que no dijeron, lo que no expresaron, lo que no sanaron.
Hoy, Ana sonríe con una paz que antes desconocía. "Ahora sé que no era tarde, simplemente no había tenido la oportunidad", me dice un día en la terapia, después de haber puesto en práctica estrategias para combatir todo aquello que por décadas secuestraron su corazón. Su historia, como la de muchos otros, nos recuerda que sanar es un camino posible en cualquier momento de la vida, siempre que nos atrevamos a dar el primer paso: "ir a terapia"
Para mí, como psicóloga, estas experiencias son una fuente inagotable de satisfacción y motivación. Ver el cambio en quienes deciden sanar refuerza mi compromiso con la educación emocional y la psicoeducación. Me impulsa a seguir promoviendo espacios donde el conocimiento sobre la salud mental sea accesible para todos, porque cada historia de transformación confirma que nunca es tarde para vivir en plenitud.